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viernes, 17 de agosto de 2007

DANZAD, DANZAD...¿MALDITOS?

"La danza es hija de la música y el amor"
(John Davies)



La danza es un trabajo físico y espiritual a un tiempo, y que nos reporta innumerables beneficios y bendiciones cuando nos entregamos a ella. El mero hecho de bailar descalzos nos conecta con la energía de la Tierra y nos renueva, porque su contacto ejerce un estimulante masaje en las plantas de los pies y fortalece el sistema inmunológico.

Un cuerpo que se deja mecer por la música es una de las mejores y más bellas expresiones de la armonía del Universo. La danza es ritmo, y sobre todo, PASIÓN. El bailarín que se entrega a la danza se libera de las cadenas y prisiones del mundo terrenal para penetrar en la esfera de lo sublime. Grandes figuras del baile hablan de “catarsis, transformación e incluso de muerte interior que da lugar a una nueva vida”.

Y por si todo esto fuera poco, los ejercicios de expresión corporal son un medio excelente para dejar la mente en blanco. Es decir, para practicar una especie de “meditación activa”, ya que tan difícil resulta a algunas personas (entre las que me incluyo), centrarse lo suficiente en una meditación clásica e inmóvil. Al tomar plena conciencia del cuerpo, que tan olvidado tenemos la mayor parte del tiempo, se suprime o alivia el estrés y los pensamientos improductivos, repetitivos y obsesivos. Nunca olvidaré a un maestro de yoga que siempre me decía: “Cuando el cuerpo se para, la mente se dispara”…¡qué razón tenía!

Cuando se comparte con otras personas, el poder de la danza se multiplica, ya que el contacto físico y la compenetración con nuestros semejantes favorecen la confianza y el sentimiento de pertenencia a la totalidad del Universo, gracias a la gran unión espiritual que se experimenta con el grupo.

La danza despierta cuerpo, mente y espíritu, y nos hace más sensibles a todo lo que nos rodea. Creo que merece la pena dejarse llevar por el rastro invisible y poderoso de la música…

¿Os parecen pocas razones para ponerse a bailar?

Pues entonces…¡Danzad, danzad, benditos!

- Ada -
P.D.: ¡Besos a todas y a todos!

jueves, 28 de junio de 2007

THAÏS SIGUE MEDITANDO


Mi abuelo paterno tocaba el violín de forma maravillosa. Era un simple aficionado, pero poseedor de una gracia y una técnica que para sí las hubieran querido muchos violinistas profesionales. Y lo más sorprendente de todo es que había aprendido a tocarlo él solito, de forma totalmente autodidacta. De la misma forma en que aprendió a tocar la guitarra, a leer, a escribir y a un sinfín de cosas más (un genio anónimo mi abuelo, ¡qué pena de genes!).

Lo malo fue cuando se le metió entre ceja y ceja, porque cabezota también era un rato, que sus tres nietas debíamos aprender a tocar el violín, ya que según él teníamos muy buen oído, cantábamos muy bien y no era cuestión de dejar desaprovechado tanto talento en la familia (¡pobre!). Así que ni corto ni perezoso se lanzó a la titánica tarea de desvelarnos los secretos de tan mágico y para nosotras enigmático instrumento, con el fin de convertir a sus tres pequeñas nietas en una réplica de Paganini ¡por lo menos!.

Ni que decir tiene que la experiencia fue un completo y sonado desastre: o a mi abuelo le faltaban paciencia y dotes para la enseñanza o a nosotras talento, interés y más ganas de aprender que de jugar (me inclino a creer que el fracaso se debió a una combinación de todos estos perversos factores). ¡Una verdadera lástima!.

De todos modos sus breves enseñanzas no cayeron en saco roto. Todavía hoy me sigue cautivando la música de violín, unas veces chispeante y saltarina, otras veces vibrante y melancólica.

Todo esto viene a cuento de que hace unos días volví a escuchar una de mis composiciones favoritas para violín y orquesta: la Meditación de "Thaïs", de Jules Massenet. Después de tanto tiempo y tantas veces escuchada, esta pieza me sigue erizando la piel y acariciando el alma con sus lánguidos e hipnóticos acordes.

Os dejo AQUÍ una versión de la misma, interpretada de forma magistral por Sarah Chang y la Orquesta Filarmónica de Berlín, y dirigida de forma muy correcta aunque algo menos magistral por Plácido Domingo (¡qué le vamos a hacer, la perfección absoluta no existe!).

¡Espero que la disfrutéis tanto como yo!

Saludos y besos,

- Ada -




(Post dedicado a mi querido abuelo J., allá donde se encuentre ahora…)